9.4.17

entre mis libretas y papeles he encontrado algo que escribí algún domingo hace tiempo y he recordado el sentimiento perfectamente:


ojalá no tener miedo de tantas cosas
ojalá saber controlarlo
ojalá poder salir corriendo a hacer lo que quiero
ojalá mi vida fuera del todo mía
ojalá escapar de esta jaula
ojalá ser más grande y valiente
ojalá entender lo que quiero decir
y sobre todo
ojalá decirlo

ojalá no estar escribiendo esto en un tren en el que no me apetece estar montada y ojalá mi móvil no se hubiera quedado sin batería para poder seguir escuchando mi música y no esa gente que grita al fondo del vagón. ¿sabes? ojalá

ojalá no ser quién soy o, mejor, ojalá poder serlo al completo.

4.4.17

Supongo que ya no escribo casi nunca porque últimamente pasan tantas ideas por mi mente que he dejado de ser capaz de gestionarlas y ordenarlas. Pero sigo aquí, con un montón de cosas que decir y un montón de historias que contar aunque estoy empezando a pensar que he perdido la facultad de hacerlo (yo que creía que escribir era una de las pocas cosas que podía hacer bastante bien). También puede ser, voy a reconocerlo de una vez, que me haya rendido un poco y haya decidido quedarme en leer, escuchar y ver las historias de los demás sin pararme a contar las mías. No es que sea el camino fácil porque vivo con la misma intensidad casi todas las historias y me afecta todo demasiado pero, eso sí, es el camino que menos esfuerzo me supone. O, tal vez, me he cansado de decepcionarme porque mis historias no iban a ninguna parte... ¿no?