8.3.16

Había una vez... una persona. Esa persona vivía en su sitio favorito del mundo, o a lo mejor era que había hecho de su casa su sitio favorito en el mundo... no estoy segura. Esa persona tenía una libreta llena de cosas que le gustaban de si misma, y apuntaba también todas las veces que le había apetecido besarse o escribía poemas sobre sus ojos. Se acariciaba todas las noches, se abrazaba por las mañanas y se guiñaba el ojo en el espejo. Esa persona sonría un montón, tarareaba sus canciones preferidas a todas horas y cada día se hacía algo nuevo en el pelo. Además había eliminado las personas tóxicas de su vida, tomaba café de vez en cuando con los amigos buenos de verdad para contarle los mismos secretos que le contaba a la almohada y sólo marcaba eventos divertidos o viajes de ocio en el calendario. Así que, esa persona era feliz porque se quería por encima de todo y de todos, y eso le ayudaba a querer también mejor a los que se lo merecen y nunca se dejaba pisotear porque el espejo le gritaba que era fuerte. Lo era. Lo es. Lo será. Que es una historia escrita en pasado pero puedo hablar de futuro, porque esa persona puedo ser yo y puedes ser tú.