24.2.16

Superviviente.

Creo que hay veces que no te das cuenta de que te estás hundiendo hasta que tocas el fondo con la punta de los dedos del pie. Entonces, te da por abrir los ojos de golpe y ves todo el agua que te rodea y sabes lo mucho que va a costar volver a subir a la superficie porque ni si quiera recuerdas cuanto tiempo llevas bajando. Piensas en rendirte, porque en estos casos es casi la opción más fácil, piensas en sentarte ahí en el fondo rodeada de todo ese agua y soportar el dolor que causa toda la presión... incluso, por un momento, deja de importarte lo mucho que te cuesta respirar porque crees que será imposible conseguir el impulso suficiente que es necesario para llegar hasta arriba otra vez. ¿Has estado alguna vez ahí arriba? Tampoco estás segura. 

Pero...

De repente quieres respirar, quieres dejar de sentir toda esa presión y alejarte de todo ese agua. Y ya está
Ni si quiera sabes cómo ha pasado pero estás en la superficie otra vez -o casi- y te secas las lágrimas de la cara y te abrazas a la almohada y te tomas una taza de té o te fumas un cigarro, y miras por la ventana y suspiras.
Has conseguido sobrevivir -una vez más- a esa angustia en la que casi te ahogas de vez en cuando.


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