6.6.15

Es seis de junio del dos mil quince y, querida yo del futuro, quiero que sepas que intentando escribirte una carta me he dado cuenta de que no importa nada de lo que yo pueda decirte porque leerás esto dentro de unos años y ya no serás del todo esa persona. Recordarás tu pasado, tu forma de ser y pensar y sonreirás (o incluso llorarás) sin creerte lo ingenua o poco experta que eras en esos tiempos. He encontrado hace un rato una carta que escribí hace dos años para mi yo del futuro, e incluso tan solo dos años después me ha parecido absurda y he acabado llorando por lo mucho que pueden cambiar las cosas en tan poco tiempo y lo intenso que pueden llegar a ser los cambios, y lo que la vida y la experiencia pueden cambiar a una persona porque, créeme, no tenemos ni una ligera idea de lo que llegaremos a ser. Pero eso está bien, eso está genial porque las posibilidades son infinitas y me da igual que no llegues a cumplir nuestra lista de 100 cosas que hacer antes de morir (aunque, por supuesto, me encantaría que lo hicieras), me da igual si no cumples mis sueños del 2015 porque me acabo de dar cuenta de que ya no son los mismos que el 2013 y posiblemente no serán los mismos en 2017. Me da igual, de verdad. No importa si decides esto o aquello, si cambias de opinión o te das cuenta de algunas cosas que ahora mismo yo no logro a entender... solo hay una cosa en la que estaremos de acuerdo (en 2013, 2015, 2017 o incluso 2040) y es que no podemos llegar al final de todo esto y arrepentirnos de haber dejado pasar demasiadas cosas y, sobre todo, de no habernos sentido bien. Eso si que importa, importará siempre: disfruta de tu vida al máximo. Espero que lo estés haciendo, hasta el final y nunca dejes de soñar y esas cosas. Crece y aprende y todo lo que sea necesario pero nunca dejes de ser tú misma de alguna forma u otra: eres única (y eso es algo que nos ha costado entender así que no puedes olvidarlo).