30.4.15

Quiero que sepas que creo que es posible -aunque a veces no lo parezca- arreglar este mundo. Solo hay que convencer a todos de que es necesario hacerlo y, a riesgo de ponerme positiva de una forma pedante, diré que hay un gran parte de la humanidad convencida ya de que algo va mal. Necesitamos reconocernos ese poder, lo tenemos, estoy segura de que somos capaces de hacerlo pero no hemos sido aún capaces de verlo. No se trata de más guerras, de más revoluciones o más problemas, se trata de terminar con la injusticia y el dolor. Se trata de dejar de destrozar el mundo y empezar a arreglarlo. ¿Soy la única que cree que eso es posible?




15.4.15

Es extraño pero eres arte, y lo sé cuando cuento a besos los cinco lunares de debajo de tu pecho derecho. Lo sé cuando repaso con los dedos las líneas de tus manos, y cuando te miro cepillarte el pelo. Eres arte y lo sé cuando te soplo en la cara y cierras los ojos o cuando te oigo tararear aquella canción. Lo sé, también, cuando ríes a carcajadas y me miras fascinada por alguna cosa.
Es que eres arte, lo sé cada vez que frotas los ojos cansada o frunces el ceño, y hasta cuando te levantas despeinada y malhumorada por la mañana. Sé que eres arte cuando te veo vestirte, pero sobre todo cuando te veo desvestirte, cuando te observo mientras ves una película o cada vez que intentas cocinar. Eres arte y lo digo porque siento algo intenso en mi pecho cada vez que suspiras, tengo tu voz grabada en mi mente y quiero gritar de felicidad cada vez que te acercas a mí. 
Y, repito, que eres arte, simplemente porque me gusta mirarte e intentar entenderte y buscar mensajes ocultos en tí. 


12.4.15

Vuelvo a mirarte una vez más para asegurarme de que estás aquí de verdad y no es solo un sueño, intento acercarme para rozarte y confirmar que existes de verdad y no solo eres parte de mi imaginación. Pero estás aquí, con tu sonrisa ingenua y tu mirada eterna que me hace sentir tan viva y no puedo creer lo mucho que me apetece abrazarte, tocarte y que te quedes aquí tan pegado a mí todo el tiempo del mundo o más.
Además, resulta curioso la cantidad de palabras que intentan ordenarse en mi mente sin ningún resultado. Hay en realidad tantas cosas que quiero decirte que no consigo decir ninguna y, extrañamente, también me apetece este silencio o quizás estaría bien que dijeses algo tú. Algo como que también te alegras de verme, que también habías soñado quinientas veces con encontrarme aquí. Me siento tan absurda sintiéndome tan bien, como si esto no fuera para mí, como si que alguien me hiciera sentir tan bien estuviera completamente fuera de mi alcance, como si esa idea solo pudiera formar parte de mi propia utopía. Y, de repente, es como si me leyeras la mente o lo vieras en mi forma de mirarte o en mi forma de actuar -esto de tocarme el pelo y morderme el labio- y empiezas a hablar...

Ojalá supiera de dónde sale esto o en qué estaba pensando cuando lo escribí, lo encontré por ahí entre textos inacabados guardados en mi ordenador, y ni si quiera yo sé cómo termina.