22.10.14

I miss you.




Resulta extraño escucharte, incluso cuando me consume el silencio de mi habitación y solo me acompaña la soledad. Te imagino aquí, sentado en mi cama tocando la guitarra para mí y cantandome una de esas canciones tuyas que hacías con mi nombre. Aunque nunca llegué a escuchar ninguna entera, por esa necesidad mía de saltar a tus brazos, ya sabes. Te echo de menos...

Resulta extraño imaginarte aquí a mi lado, mientras toco solo la guitarra rompiendo el silencio de mi habitación para no sentirme tan solo y vacío. Canto esas canciones que hacía con tu nombre, pero ni si quiera tienen final porque nunca terminé ninguna... por esa manía tuya de tirarte a mis brazos, ya sabes. Te echo de menos...

3.10.14

La culpa es de quién decidió que había que meter números en nuestra vida a diestro y siniestro, del que decidió que era mejor contarlo y ordenarlo todo. Separar la vida en siglos, años... y los años en meses, los meses en días, los días en horas, ya sabes. La culpa es de quién decidió que se podía llegar pronto o tarde, que se podía tener mucho o poco, que habría ricos y pobres, altos y bajos, gordos y flacos. La culpa es de la manía que tiene el ser humano de querer controlarlo todo, etiquetarlo todo, entenderlo todo, descubrirlo todo. Por eso estoy aquí contando minutos mientras te espero, porque llegas tarde, y tengo ya en mente lo que me costará el café que voy a tomarme en la cafetería de la esquina (en la cuarta mesa), al lado de aquella niña pequeña con su abuela y la rusa que toca la guitarra para ganar algo de pasta. Y así nos va. Que cada día creemos controlar más y controlamos menos. Se nos pasa la vida intentando entenderla y al final nos damos cuenta de que dan igual 20 que 80, que lunes o viernes, que arriba o abajo, que todo o nada porque, a lo mejor, lo que importa de verdad no se puede contar, entender ni controlar y ya está. Pero da igual, solo estoy buscando a alguien más que culpar por el desorden de mi mente. Puede que no lo quiera ordenar, me gusta así.