11.9.14

Quiero que hablemos de aquella vez que me dijiste -con esa sonrisa tuya de picardía y chulería-: "que no existan cosas imposibles es imposible, y lo que acabo de decir demuestra lo que acabo de decir". Hablemos de la cara de estúpida con la que te miré, completamente convencida de que me estabas tomando el pelo y que nada de lo que habías dicho tenía demasiado sentido pero es que hasta tus estupideces tienen sentido y nos quedamos mirándonos, tú sonriendo y yo intentando comprender y entender lo que acababas de decirme. 
Y unos días después todo tiene sentido. Por fin lo he entendido, que lo imposible es que no haya nada imposible y nuestro imposible eramos nosotros. Además, teniendo en cuenta que te has ido podríamos decir que lo imposible eras tú quedándote conmigo.
Pero sin imposibles no hay posibles, y los límites no están escritos.

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