18.9.14

La alegría de algunas veces y de vez en cuando.

Estoy exhausta, el cansancio recorre mi cuerpo, mis párpados se rinden y caen de sueño, siento la sangre correr por mis piernas y el dolor en los pies, bostezo y necesito respirar profundamente para no caer rendida del agotamiento pero miro a mi al rededor y la tranquilidad y la suave brisa que corre me hacen sentirme bien. Merece la pena, pienso una y otra vez, merece la pena porque soy feliz, merece la pena porque por fin estoy haciendo lo que quiero, merece la pena, merece la pena. Sonrío porque me siento tan llena... cansada, pero llena y orgullosa de lo que hago, y de lo que quiero... y me quiero mucho. No hay nada más bonito que quererse tanto y sentirse tan bien y por fin, después de toda la vida duermo bien, y me levanto contenta, y me sé más canciones. 


Tengo que pedir disculpas por estar tan ausente últimamente, mi inspiración está algo en pausa y mi vida a tope. Espero que os vaya bien.

11.9.14

Quiero que hablemos de aquella vez que me dijiste -con esa sonrisa tuya de picardía y chulería-: "que no existan cosas imposibles es imposible, y lo que acabo de decir demuestra lo que acabo de decir". Hablemos de la cara de estúpida con la que te miré, completamente convencida de que me estabas tomando el pelo y que nada de lo que habías dicho tenía demasiado sentido pero es que hasta tus estupideces tienen sentido y nos quedamos mirándonos, tú sonriendo y yo intentando comprender y entender lo que acababas de decirme. 
Y unos días después todo tiene sentido. Por fin lo he entendido, que lo imposible es que no haya nada imposible y nuestro imposible eramos nosotros. Además, teniendo en cuenta que te has ido podríamos decir que lo imposible eras tú quedándote conmigo.
Pero sin imposibles no hay posibles, y los límites no están escritos.

3.9.14

La historia de cómo cada día consigue levantarse de la cama tras oír el irritante sonido del despertador, la historia de cómo cada día cumple su rutina, sigue las instrucciones y pautas marcadas para su vida, la historia de cómo cada día se conforma con lo que hay, sin quejarse, sin soñar, sin luchar, sin más. La historia de cómo cada día es igual que los demás, la historia de cómo cada día no cuenta... porque no hace que cuente, porque no es valiente, porque no se deja llevar por el instinto en busca de la verdad, ni corre a otro lugar en el que estar más a gusto. La historia de cómo cada día malgasta veinticuatro horas haciendo lo que tiene que hacer y no deja ni un segundo para hacer lo que quiere hacer. La historia de su vida, que no vale, porque no es vida... porque no la está viviendo, porque no sabe lo que es vivir. Y yo.. 
Y yo no quiero acabar así.