27.6.14

Maldito aeropuerto.

Una vez conocí a una persona (no importa quién) que cuando estaba triste, pero triste de verdad, de esas veces que no eres capaz de crear absolutamente ningún pensamiento positivo en tu mente y te duele hasta respirar por el simple hecho de que eso te hace ser parte de este mundo, cuando estaba así de triste se montaba en el coche y se iba hasta el aeropuerto escuchando su canción favorita (en realidad nunca habló de ninguna canción pero me gusta pensar que todo el mundo necesita música cuando está triste, como yo). Bueno pues se iba al aeropuerto a la zona de llegadas, "nunca vayas a la zona de salidas si estás triste, ni se te ocurra" me dijo. Se sentaba allí como si estuviera esperando a alguien en especial (y puede que en realidad lo hiciera, aunque de eso tampoco dijo nada) y observaba los reencuentros o gente llegando emocionaba a su nuevo destino. Me pareció una bonita forma de animarse, viendo momentos tan bonitos, pero cuando se lo dije se echó a reír. "Me acerco a las personas que vienen solas y algo tristes y les susurro que siempre hay vuelos de vuelta" me dijo cuando paró de reírse. Recuerdo que fue la primera vez que creí ver algo de locura en sus ideas, me había parecido una persona interesante e inteligente pero por unos segundos (no duraron mucho esos pensamientos) pensé que tal vez era solo un loco. Suspiré y entonces dijo: "Me alegro por ti ¿sabes? si de verdad crees que la tristeza de la que te hablo se va viendo a otros ser felices es que nunca has experimentado la tristeza de la que te hablo" No supe que más decir, creo que en realidad no había nada más que decir porque se levantó y despareció entre la multitud del aeropuerto, me lo imaginé regresando a su coche y volviendo a casa con su canción. Yo seguí esperándote (fue el día que venías de aquel viaje de negocios a la capital). Sé que no te dije nada de aquel hombre, sé que nunca le dije nada a nadie de aquel hombre pero hoy estaba tan triste porque te has ido (y esta vez no de viaje), tan triste que me dolía respirar, estaba tan triste que me he montado en el coche escuchando esa canción y me he ido a la zona de llegadas del maldito aeropuerto y me he echado a llorar porque ver escenas tan bonitas, ver a gente tan feliz no hace, en absoluto, que una se sienta mejor.

15.6.14

Me he acostumbrado a escribirte, a veces frases y otras veces largos textos que nunca leerías, pero lo más absurdo es que las escribo en el ordenador y después de hacerlo (sin ni si quiera volverlos a leer) pulso el botón de borrar y veo como la línea vertical se come las letras marcha atrás, y es algo parecido a cuando la gente dice que sus palabras se las lleva el viento (aunque más tecnológico y surrealista). Y vuelvo a empezar porque la rayita vertical se queda parpadeando pidiéndome más palabras, e incluso me da la sensación de que los latidos de mi corazón van a su misma velocidad... y mi respiración y solo puedo pensar en todo lo que me gustaría decirte y mis dedos teclean solos. 
He estado pensando (ya sabes, pienso mucho) en lo irónico que sería que se jodiera el botón de borrar, en lo bonito que sería que eso ocurriera y no me quedase más remedio que enviarte alguna de las cosas que escribo. Es curioso, porque incluso lo he llegado a desear y después me pregunto a mí misma: ¿y por qué necesitas que se estropeé el maldito botón? Soy yo la que escribe, soy yo la que decide si mandarlo o no. Pero como sigo creyendo en el destino (o en realidad puede que sea porque soy demasiado cobarde) sigo esperando una señal que me diga que adelante.
Y maldiciendo la línea vertical por comerse mis palabras o maldiciéndote a ti por no leerlas antes o maldiciéndome a mí... por no hacer que eso pase.