30.5.14



Prometiste tres cosas. Solo tres. 
Prometiste hacerme reír siempre que estuviera triste. 
Prometiste llevarme a ver el mar este verano.
Prometiste quedarte aquí.

Se acerca el verano, y estoy triste. 
Y no estás aquí para hacerme reír,
ni para llevarme a ver el mar. 
Te has largado.
No has cumplido ninguna de tus promesas.

Prometiste dos cosas. Solo dos.
Prometiste llevarme a ver el mar. 
Prometiste no volverte a ir.

Todavía sigo esperando que me lleves a ver el mar.
Pero te has largado (otra vez).
Y de nuevo, no has cumplido ninguna de tus promesas.

Prometiste una cosa, solo uno esta vez.
Prometiste quedarte de verdad, y no volverte a ir.

Y esta vez me fui yo (a ver el mar).
Porque ya no creo en tus promesas, y nunca he creído en terceras oportunidades. 

22.5.14

Largos minutos de espera.

Me concentro primero en su corta melena castaña, ondulada, acariciándole la cara y rozándole los hombros. Después miro profundamente sus ojos color miel, devolviéndome la mirada con gran intensidad (o es lo que me parece a mí), las largas pestañas, las cejas, la frente. Mi quedo un rato mirando la cara, redonda, con una barbilla alargada, una nariz también bastante redonda y los finos labios (demasiado finos, quizás). Sonrío, sonríe. Es curioso, siento como que estoy mirando a otra persona, pero en realidad soy yo: mi reflejo en el espejo. Decido retirar la vista porque temo disgustarme demasiado con lo que veo, ya que tengo que pasar el resto de mi vida con esa cara (más los efectos secundarios del paso del tiempo... que ya vendrán).
Me siento en mi cama tamborileando con los dedos en mis muslos, las esperas a veces se vuelven interminables. Y siento que llevo esperando toda mi vida, y es que a lo mejor de verdad llevo esperando toda mi vida. Suena triste pensarlo pero en realidad la mayoría de nosotros pasa su tiempo esperando algo (algo mejor, probablemente) y, por supuesto, nos olvidamos de vivir y lo que tenemos nunca nos parece suficiente. Decido, también, dejar de pensar en eso porque no necesito autodestruirme, no quiero hacerlo. Con los años he aprendido que debo ser mi mejor aliado, con los años he aprendido muchas cosas, en realidad.
Vuelvo a mirar el teléfono como si con mirarlo fuera a empezar a sonar. Pienso en leer mientras espero pero sería injusto para el libro y el autor porque no podría concentrarme demasiado en sus palabras. Mi corazón está acelerado y me recorre una electricidad por todo el cuerpo, llamemoslo nervios y miedo, tal vez incluso pánico. Intento (sin mucho éxito) expulsar de mi mente todos los pensamientos negativos y concentrarme en lo bonito que será si lo consigo. Con malditos '¿y si no?' a intervalos. Oigo una puerta cerrarse de golpe y no puedo evitar sentir la metáfora de la situación, y me digo para mis adentros: ojalá no se cierren más puertas. El portazo en el que pienso sonaría más fuerte en mí, y dolería más.
Me acerco a la ventana y observo detenidamente a la gente del parque que hay junto a mi casa, la mayoría son niños, inocentes y felices. Porque no saben lo que es la vida, y además les da igual. Echo de menos los tiempos en los que me daban igual las cosas, cuando no me preocupaba demasiado por nada y sólo intentaba ser feliz. Me arrepiento de haber crecido, de haber aprendido tantas cosas al cabo de los años, me arrepiento del paso del tiempo como si fuera culpa mía (aunque en realidad sé que es inevitable). De pronto tengo incontrolables ganas de gritarle a esos niños que no crezcan, o que no esperen nada, que no se pasen la vida esperando una llamada de teléfono como yo. Pero no lo hago, porque a esos niños les dará igual lo que yo pueda decirles. Y tampoco quiero parecer una loca.
Entonces se me ocurre comerme una manzana o algo así, pero me imagino contestando al teléfono con la boca llena y lo añado a la lista de malas ideas de hoy.
Y entonces vuelvo a mirar el teléfono, y empieza a sonar. Aguanto unos segundos antes de contestar porque llevo tanto tiempo imaginando como sería esa llamada que temo que siga siendo mi imaginación, pero no, el sonido es real. Me acerco y pulso el botón de descolgar con la mano temblorosa y el pulso a mil por hora...
- ¿Sí?

En honor a la incertidumbre de estos días de: ¿aprobaré o no aprobaré?

17.5.14

Hablemos de lo bonito que es formar parte de algo mágico.

Lectores, escritores y demás habitantes del mundo blogger hoy quiero presentaros: Atelier de Ganesh. Un blog administrado por ocho magníficos bloggers y por mí. Un proyecto lleno de actividades (en las que podéis tomar todos parte) que nos ayudará a conocer gente, compartir gustos e ideas y alimentar un poco nuestra imaginación (que nunca viene mal). No podéis ignorar esto, pasaros por allí, seguidnos y participar porque estoy convencida de que merecerá la pena. Además, estoy muy contenta de formar parte de esto porque ya he conocido gente muy interesante y tengo un buen presentimiento respecto al blog y a lo que voy a sacar de ello (o lo que vamos a sacar de ello), como buenas amistades o ideas. Que siempre está bien aprender un poco de los demás y enseñar a los demás un poquito de lo que tú sabes. Compartir es vivir, amigos míos. Y no se ve todos los días un blog administrado por tantas personas y con tantas actividades y posibilidades, creo yo. 
No tengo mucho más que decir por hoy, ando liada estudiando y aunque pretendía escribir algo nuevo no tengo tiempo (y tampoco demasiada inspiración). Otro día será. Pero mientras tanto:



10.5.14

Hola, bueno he dejado atrás lo de dandolevueltasalmundoo.blogspot.com. Pero me he traído mis entradas antiguas conmigo, así que no es un cambio muy grande, la verdad.
Eso sí, tengo otro proyecto entre manos con otras bloggers y va a ser genial pero ya os informaré sobre eso. Espero que mis seguidores se vengan conmigo también. De momento no tengo mucho más que decir. Os espero aquí, un beso.

5.5.14


Perdió el control de su vida (si es que alguna vez lo había tenido), se dejó arrastrar por una corriente que prometía comodidad pero no traía más que golpes contra afiladas rocas. Y se estaba ahogando porque no hacía nada para remediarlo, puede que no supiera qué hacer o puede que se creyera en realidad que aquello era una vida cómoda, tranquila. Se dejó engallar por la suave brisa de de vez en cuando sin pensar en las continuas tormentas... pero las calmas eran cada vez más cortas y pasajeras y las tormentas cada vez más duras y puñeteras.