29.12.14

Diciembre y sus cosas.

Es evidente, está aquí ese sentimiento inevitable de finales de diciembre. Ya sabéis, rebobinar el año que termina y intentar predecir el que se aproxima. Y este año no sé qué resulta más maravilloso, el hecho de pensar en lo importante y decisivo que ha sido el 2014 para mí, o imaginar todo lo que me traerá el 2015. 
Supongo que da igual, el pasado es pasado y el futuro no lo puedo adivinar pero cada vez tengo más claro que hay un montón de posibilidades y puertas que abrir y cosas que descubrir y experiencias que vivir y.. que estoy preparada. No digo que esté lista para afrontar todo lo que pueda pasar, no lo estoy y eso lo tengo claro. Pero creo que estoy preparada para rendirme a la incertidumbre, que me da igual, que lo que sea será. Sin caer en la trampa de dejarme llevar del todo porque algunas cosas las decido yo, vamos a dejar de lado lo de "eso es imposible" porque, vamos a ver... estoy segura de que a todos los grandes inventores de los grandes inventos del mundo hubo alguien que les dijo: estás loco, eso es imposible. Imaginad que todos nos rindiésemos a eso. Eso sí, es un poco triste que necesitemos un fin de año para decir todo esto, el 1 de enero es tan buen día para empezar a plantearse la vida como puede llegar a ser un 17 de junio (por ejemplo). Tened eso en cuenta. 
Y, respecto al año que termina, no puedo sentirme más orgullosa porque de verdad diría que ha sido el mejor año de mi vida y todo porque he empezado a ser yo de una forma intensa y genial. No hay nada más bonito que encontrarse, por fin. He hecho realidad algunos sueños, he llenado mi calendario de buenos momentos y de buenas personas y de algunas historias que recordar para siempre y es todo lo que necesitamos para decir que ha sido un buen año. Que al final los malos momentos no cuentan, pero valen... ya sabéis, para aprender de los errores y valorar lo bueno y para saber lo que vale y lo que no (odio sonar tan a tópico y frases hechas, pero no es mi culpa que nos hayamos acostumbrado tanto a algunas verdades importantes que empiecen a parecer falsas).
Tengo que confesar que llevo un mes sin publicar nada y es porque diciembre me entristece, no es un buen mes para mí sin ninguna razón aparente. No me gusta la navidad, así que no voy a desearos unas felices fiestas porque me parece un poco hipócrita. Pero a pesar de todo me encuentra increíblemente bien y me apetecía escribir algo, quizás con intención de contagiar mi repentino optimismo, un optimismo real... que no tiene nada que ver con este espíritu navideño que considero tan falso (sin ánimo de ofender) y consumista. Es un optimismo realista (aunque cueste creerlo). O sea, que sigo siendo consciente de que el mundo es una mierda y lo seguirá siendo a no ser que empecemos a cambiar mucho las cosas... pero sé que puedo cambiar yo o gustarme yo si no gusto a nadie más, y quererme y controlarme, y aportar mi granito de arena al mundo, por mí y por los míos. A lo mejor parece egoísta, pero es que es mi vida y tengo que ser egoísta. Todos deberíamos serlo (en alguna medida).
Lo siento, no voy a desearos tampoco un feliz año nuevo... os deseo una vida intensa, que resulta más productivo, necesario y puede que hasta original. Vivid, que solo tendréis una vida, y es vuestra y solo vuestra... y ya está.


29.11.14

"Nunca te he contado lo genial que es volar, ojalá tú también pudieras experimentarlo. Recuerdo el día en el que supe que, por fin, había aprendido a volar y llegaba la hora de abrir mis alas y dejarme llevar. Antes de despegar siempre cierro los ojos y respiro hondo, abro mis alas y las agito con fuerza mientras me impulso con los pies. Esa es una de mis partes favoritas de saber volar, cuando siento que me estoy alzando del suelo, que estoy dejando atrás tierra firme y puedo ver como se aleja (o como me alejo yo, en realidad). Después, cuando ya decido no subir más y estiro mis alas dejando de agitarlas para dejarme llevar. Entonces siento que el viento me mece a su antojo por el cielo, y puedo verlo todo desde ahí arriba y todo se ve más pequeño, casi insignificante y me apetece gritar lo feliz y libre que soy (o que me parece ser en ese instante). Ahí es cuando siento que podría hacer todo lo que me propusiera, que podría ser cualquier cosa, que podría ir a cualquier lugar... y puede que me equivoque, que olvide mis limitaciones por el momento de éxtasis o la emoción y que no sea capaz de razonar y pensar en los problemas pero he ahí la cuestión.. ¿para qué quiero pensar en limitaciones y evaluar problemas si puedo volar? Esa es lo mejor de saber volar: volar."

Y justo después de una sonrisa le vi cerrar los ojos, respirar hondo, abrir sus alas y despegar. Ojalá  yo también supiera volar. 





16.11.14

Sunday's issues


Sé que el día que aparezcas en mi vida sabré que eres tú, no hablo de chispas al mirarnos ni nada por el estilo. Hablo de que el día que una sonrisa tuya o una conversación o una mirada me haga sentir que estoy en el lugar adecuado con la persona adecuada sabré que habrá merecido la pena la espera (aunque, en realidad, ni si quiera estoy esperando). Nunca he estado enamorada, y no sé mucho al respecto pero tengo claro que lo más importante para mí será que me hagas sentir especial, extasiada y cómoda porque no pienso pasar por episodios de intensa gilipollez o lo de sentirme desgraciada pero seguir intentando que todo funcione, no pienso caer en una rutina que no me haga sentir nada. Eso sería ser demasiado hipócrita y convertirme en algo que odio y, lo sabrás cuando me conozcas, no valgo para eso. Voy a confesar de que hoy (sin que sirva de precedente) tengo ganas de que aparezcas, me apetecen abrazos, besos y sexo fortuitos con una persona que me haga sentir bien y alguien con quien compartir esas historias tontas que solo tú, seas quien seas, llegarás a entender y no sé. Tal vez estoy hablando por hablar, tal vez solo sea domingo y ya está.
Los domingos son un día de comerse la cabeza.

22.10.14

I miss you.




Resulta extraño escucharte, incluso cuando me consume el silencio de mi habitación y solo me acompaña la soledad. Te imagino aquí, sentado en mi cama tocando la guitarra para mí y cantandome una de esas canciones tuyas que hacías con mi nombre. Aunque nunca llegué a escuchar ninguna entera, por esa necesidad mía de saltar a tus brazos, ya sabes. Te echo de menos...

Resulta extraño imaginarte aquí a mi lado, mientras toco solo la guitarra rompiendo el silencio de mi habitación para no sentirme tan solo y vacío. Canto esas canciones que hacía con tu nombre, pero ni si quiera tienen final porque nunca terminé ninguna... por esa manía tuya de tirarte a mis brazos, ya sabes. Te echo de menos...

3.10.14

La culpa es de quién decidió que había que meter números en nuestra vida a diestro y siniestro, del que decidió que era mejor contarlo y ordenarlo todo. Separar la vida en siglos, años... y los años en meses, los meses en días, los días en horas, ya sabes. La culpa es de quién decidió que se podía llegar pronto o tarde, que se podía tener mucho o poco, que habría ricos y pobres, altos y bajos, gordos y flacos. La culpa es de la manía que tiene el ser humano de querer controlarlo todo, etiquetarlo todo, entenderlo todo, descubrirlo todo. Por eso estoy aquí contando minutos mientras te espero, porque llegas tarde, y tengo ya en mente lo que me costará el café que voy a tomarme en la cafetería de la esquina (en la cuarta mesa), al lado de aquella niña pequeña con su abuela y la rusa que toca la guitarra para ganar algo de pasta. Y así nos va. Que cada día creemos controlar más y controlamos menos. Se nos pasa la vida intentando entenderla y al final nos damos cuenta de que dan igual 20 que 80, que lunes o viernes, que arriba o abajo, que todo o nada porque, a lo mejor, lo que importa de verdad no se puede contar, entender ni controlar y ya está. Pero da igual, solo estoy buscando a alguien más que culpar por el desorden de mi mente. Puede que no lo quiera ordenar, me gusta así. 

18.9.14

La alegría de algunas veces y de vez en cuando.

Estoy exhausta, el cansancio recorre mi cuerpo, mis párpados se rinden y caen de sueño, siento la sangre correr por mis piernas y el dolor en los pies, bostezo y necesito respirar profundamente para no caer rendida del agotamiento pero miro a mi al rededor y la tranquilidad y la suave brisa que corre me hacen sentirme bien. Merece la pena, pienso una y otra vez, merece la pena porque soy feliz, merece la pena porque por fin estoy haciendo lo que quiero, merece la pena, merece la pena. Sonrío porque me siento tan llena... cansada, pero llena y orgullosa de lo que hago, y de lo que quiero... y me quiero mucho. No hay nada más bonito que quererse tanto y sentirse tan bien y por fin, después de toda la vida duermo bien, y me levanto contenta, y me sé más canciones. 


Tengo que pedir disculpas por estar tan ausente últimamente, mi inspiración está algo en pausa y mi vida a tope. Espero que os vaya bien.

11.9.14

Quiero que hablemos de aquella vez que me dijiste -con esa sonrisa tuya de picardía y chulería-: "que no existan cosas imposibles es imposible, y lo que acabo de decir demuestra lo que acabo de decir". Hablemos de la cara de estúpida con la que te miré, completamente convencida de que me estabas tomando el pelo y que nada de lo que habías dicho tenía demasiado sentido pero es que hasta tus estupideces tienen sentido y nos quedamos mirándonos, tú sonriendo y yo intentando comprender y entender lo que acababas de decirme. 
Y unos días después todo tiene sentido. Por fin lo he entendido, que lo imposible es que no haya nada imposible y nuestro imposible eramos nosotros. Además, teniendo en cuenta que te has ido podríamos decir que lo imposible eras tú quedándote conmigo.
Pero sin imposibles no hay posibles, y los límites no están escritos.

3.9.14

La historia de cómo cada día consigue levantarse de la cama tras oír el irritante sonido del despertador, la historia de cómo cada día cumple su rutina, sigue las instrucciones y pautas marcadas para su vida, la historia de cómo cada día se conforma con lo que hay, sin quejarse, sin soñar, sin luchar, sin más. La historia de cómo cada día es igual que los demás, la historia de cómo cada día no cuenta... porque no hace que cuente, porque no es valiente, porque no se deja llevar por el instinto en busca de la verdad, ni corre a otro lugar en el que estar más a gusto. La historia de cómo cada día malgasta veinticuatro horas haciendo lo que tiene que hacer y no deja ni un segundo para hacer lo que quiere hacer. La historia de su vida, que no vale, porque no es vida... porque no la está viviendo, porque no sabe lo que es vivir. Y yo.. 
Y yo no quiero acabar así.




2.8.14

Lo peor es que no tienes ni idea, y lo intentas, pero no puedes comprenderlo porque hay cosas que simplemente se escapan del conocimiento humano... o a lo mejor si que lo entiendes y lo comprendes pero ese mecanismo de defensa automático de tu mente te dice que no, que ese tipo de información se te escapa porque es mejor vivir en la ignorancia cuando al verdad duele tanto (o eso queremos creer). Y es que si la verdad es que estás sola, o triste (y lejos), es mejor ausentarse de esa realidad destructiva, es más bonito soñar. Pero, ojo, que vives en tus sueños... pequeña estúpida, y tus sueños no son la realidad y despertarse y darse de bruces con la verdad que has estado evitando es incluso peor que intentar comprender aquello que no comprendes, o (mejor dicho) intentar creer que no comprendes aquello que en realidad si comprendes pero duele. Sé que tú lo entiendes. Sé que sabes de lo que te hablo, pero prefieres seguir soñando aunque debería decirte que tal vez no estés tan sola, ni tan triste (ni tan lejos).


29.7.14


Hoy voy a usar lo de: a veces una imagen, vale más que mil palabras.

17.7.14

"El miedo es el más ignorante, el más injurioso y el más cruel de los consejeros." 
Lo escribió un escritor (no recuerdo cual) hace años, y es una gran verdad. Pero lo peor de todo en realidad es la absurda manía de dejar que el miedo nos limite y decida por nosotros. Tengo miedo (como todo el mundo) a un montón de cosas, a veces, incluso, tengo miedo de mí misma. Tengo miedo de las consecuencias que traerán las elecciones que tomo, las cosas que hago y de las que no hago.
Sé que ya he hablado más veces del miedo, es un tema muy recurrente para mí porque pienso en ello muchas veces y porque me fascina la cantidad de veces que varían mis miedos. Está claro que a los diecinueve años no tengo los mismos miedos que tenía a los siete pero lo curioso es que hoy no tengo los mismos miedos que tenía ayer. Pero, ¿sabes que es lo bueno? que cada vez tengo más fuerza, más ganas de vivir y de ser libre y... 
querido ignorante, injurioso y cruel consejero: eso te deja muy débil a ti. 



Tengo miedo sí, pero en esta batalla... gano yo.

27.6.14

Maldito aeropuerto.

Una vez conocí a una persona (no importa quién) que cuando estaba triste, pero triste de verdad, de esas veces que no eres capaz de crear absolutamente ningún pensamiento positivo en tu mente y te duele hasta respirar por el simple hecho de que eso te hace ser parte de este mundo, cuando estaba así de triste se montaba en el coche y se iba hasta el aeropuerto escuchando su canción favorita (en realidad nunca habló de ninguna canción pero me gusta pensar que todo el mundo necesita música cuando está triste, como yo). Bueno pues se iba al aeropuerto a la zona de llegadas, "nunca vayas a la zona de salidas si estás triste, ni se te ocurra" me dijo. Se sentaba allí como si estuviera esperando a alguien en especial (y puede que en realidad lo hiciera, aunque de eso tampoco dijo nada) y observaba los reencuentros o gente llegando emocionaba a su nuevo destino. Me pareció una bonita forma de animarse, viendo momentos tan bonitos, pero cuando se lo dije se echó a reír. "Me acerco a las personas que vienen solas y algo tristes y les susurro que siempre hay vuelos de vuelta" me dijo cuando paró de reírse. Recuerdo que fue la primera vez que creí ver algo de locura en sus ideas, me había parecido una persona interesante e inteligente pero por unos segundos (no duraron mucho esos pensamientos) pensé que tal vez era solo un loco. Suspiré y entonces dijo: "Me alegro por ti ¿sabes? si de verdad crees que la tristeza de la que te hablo se va viendo a otros ser felices es que nunca has experimentado la tristeza de la que te hablo" No supe que más decir, creo que en realidad no había nada más que decir porque se levantó y despareció entre la multitud del aeropuerto, me lo imaginé regresando a su coche y volviendo a casa con su canción. Yo seguí esperándote (fue el día que venías de aquel viaje de negocios a la capital). Sé que no te dije nada de aquel hombre, sé que nunca le dije nada a nadie de aquel hombre pero hoy estaba tan triste porque te has ido (y esta vez no de viaje), tan triste que me dolía respirar, estaba tan triste que me he montado en el coche escuchando esa canción y me he ido a la zona de llegadas del maldito aeropuerto y me he echado a llorar porque ver escenas tan bonitas, ver a gente tan feliz no hace, en absoluto, que una se sienta mejor.

15.6.14

Me he acostumbrado a escribirte, a veces frases y otras veces largos textos que nunca leerías, pero lo más absurdo es que las escribo en el ordenador y después de hacerlo (sin ni si quiera volverlos a leer) pulso el botón de borrar y veo como la línea vertical se come las letras marcha atrás, y es algo parecido a cuando la gente dice que sus palabras se las lleva el viento (aunque más tecnológico y surrealista). Y vuelvo a empezar porque la rayita vertical se queda parpadeando pidiéndome más palabras, e incluso me da la sensación de que los latidos de mi corazón van a su misma velocidad... y mi respiración y solo puedo pensar en todo lo que me gustaría decirte y mis dedos teclean solos. 
He estado pensando (ya sabes, pienso mucho) en lo irónico que sería que se jodiera el botón de borrar, en lo bonito que sería que eso ocurriera y no me quedase más remedio que enviarte alguna de las cosas que escribo. Es curioso, porque incluso lo he llegado a desear y después me pregunto a mí misma: ¿y por qué necesitas que se estropeé el maldito botón? Soy yo la que escribe, soy yo la que decide si mandarlo o no. Pero como sigo creyendo en el destino (o en realidad puede que sea porque soy demasiado cobarde) sigo esperando una señal que me diga que adelante.
Y maldiciendo la línea vertical por comerse mis palabras o maldiciéndote a ti por no leerlas antes o maldiciéndome a mí... por no hacer que eso pase. 


30.5.14



Prometiste tres cosas. Solo tres. 
Prometiste hacerme reír siempre que estuviera triste. 
Prometiste llevarme a ver el mar este verano.
Prometiste quedarte aquí.

Se acerca el verano, y estoy triste. 
Y no estás aquí para hacerme reír,
ni para llevarme a ver el mar. 
Te has largado.
No has cumplido ninguna de tus promesas.

Prometiste dos cosas. Solo dos.
Prometiste llevarme a ver el mar. 
Prometiste no volverte a ir.

Todavía sigo esperando que me lleves a ver el mar.
Pero te has largado (otra vez).
Y de nuevo, no has cumplido ninguna de tus promesas.

Prometiste una cosa, solo uno esta vez.
Prometiste quedarte de verdad, y no volverte a ir.

Y esta vez me fui yo (a ver el mar).
Porque ya no creo en tus promesas, y nunca he creído en terceras oportunidades. 

22.5.14

Largos minutos de espera.

Me concentro primero en su corta melena castaña, ondulada, acariciándole la cara y rozándole los hombros. Después miro profundamente sus ojos color miel, devolviéndome la mirada con gran intensidad (o es lo que me parece a mí), las largas pestañas, las cejas, la frente. Mi quedo un rato mirando la cara, redonda, con una barbilla alargada, una nariz también bastante redonda y los finos labios (demasiado finos, quizás). Sonrío, sonríe. Es curioso, siento como que estoy mirando a otra persona, pero en realidad soy yo: mi reflejo en el espejo. Decido retirar la vista porque temo disgustarme demasiado con lo que veo, ya que tengo que pasar el resto de mi vida con esa cara (más los efectos secundarios del paso del tiempo... que ya vendrán).
Me siento en mi cama tamborileando con los dedos en mis muslos, las esperas a veces se vuelven interminables. Y siento que llevo esperando toda mi vida, y es que a lo mejor de verdad llevo esperando toda mi vida. Suena triste pensarlo pero en realidad la mayoría de nosotros pasa su tiempo esperando algo (algo mejor, probablemente) y, por supuesto, nos olvidamos de vivir y lo que tenemos nunca nos parece suficiente. Decido, también, dejar de pensar en eso porque no necesito autodestruirme, no quiero hacerlo. Con los años he aprendido que debo ser mi mejor aliado, con los años he aprendido muchas cosas, en realidad.
Vuelvo a mirar el teléfono como si con mirarlo fuera a empezar a sonar. Pienso en leer mientras espero pero sería injusto para el libro y el autor porque no podría concentrarme demasiado en sus palabras. Mi corazón está acelerado y me recorre una electricidad por todo el cuerpo, llamemoslo nervios y miedo, tal vez incluso pánico. Intento (sin mucho éxito) expulsar de mi mente todos los pensamientos negativos y concentrarme en lo bonito que será si lo consigo. Con malditos '¿y si no?' a intervalos. Oigo una puerta cerrarse de golpe y no puedo evitar sentir la metáfora de la situación, y me digo para mis adentros: ojalá no se cierren más puertas. El portazo en el que pienso sonaría más fuerte en mí, y dolería más.
Me acerco a la ventana y observo detenidamente a la gente del parque que hay junto a mi casa, la mayoría son niños, inocentes y felices. Porque no saben lo que es la vida, y además les da igual. Echo de menos los tiempos en los que me daban igual las cosas, cuando no me preocupaba demasiado por nada y sólo intentaba ser feliz. Me arrepiento de haber crecido, de haber aprendido tantas cosas al cabo de los años, me arrepiento del paso del tiempo como si fuera culpa mía (aunque en realidad sé que es inevitable). De pronto tengo incontrolables ganas de gritarle a esos niños que no crezcan, o que no esperen nada, que no se pasen la vida esperando una llamada de teléfono como yo. Pero no lo hago, porque a esos niños les dará igual lo que yo pueda decirles. Y tampoco quiero parecer una loca.
Entonces se me ocurre comerme una manzana o algo así, pero me imagino contestando al teléfono con la boca llena y lo añado a la lista de malas ideas de hoy.
Y entonces vuelvo a mirar el teléfono, y empieza a sonar. Aguanto unos segundos antes de contestar porque llevo tanto tiempo imaginando como sería esa llamada que temo que siga siendo mi imaginación, pero no, el sonido es real. Me acerco y pulso el botón de descolgar con la mano temblorosa y el pulso a mil por hora...
- ¿Sí?

En honor a la incertidumbre de estos días de: ¿aprobaré o no aprobaré?

17.5.14

Hablemos de lo bonito que es formar parte de algo mágico.

Lectores, escritores y demás habitantes del mundo blogger hoy quiero presentaros: Atelier de Ganesh. Un blog administrado por ocho magníficos bloggers y por mí. Un proyecto lleno de actividades (en las que podéis tomar todos parte) que nos ayudará a conocer gente, compartir gustos e ideas y alimentar un poco nuestra imaginación (que nunca viene mal). No podéis ignorar esto, pasaros por allí, seguidnos y participar porque estoy convencida de que merecerá la pena. Además, estoy muy contenta de formar parte de esto porque ya he conocido gente muy interesante y tengo un buen presentimiento respecto al blog y a lo que voy a sacar de ello (o lo que vamos a sacar de ello), como buenas amistades o ideas. Que siempre está bien aprender un poco de los demás y enseñar a los demás un poquito de lo que tú sabes. Compartir es vivir, amigos míos. Y no se ve todos los días un blog administrado por tantas personas y con tantas actividades y posibilidades, creo yo. 
No tengo mucho más que decir por hoy, ando liada estudiando y aunque pretendía escribir algo nuevo no tengo tiempo (y tampoco demasiada inspiración). Otro día será. Pero mientras tanto:



10.5.14

Hola, bueno he dejado atrás lo de dandolevueltasalmundoo.blogspot.com. Pero me he traído mis entradas antiguas conmigo, así que no es un cambio muy grande, la verdad.
Eso sí, tengo otro proyecto entre manos con otras bloggers y va a ser genial pero ya os informaré sobre eso. Espero que mis seguidores se vengan conmigo también. De momento no tengo mucho más que decir. Os espero aquí, un beso.

5.5.14


Perdió el control de su vida (si es que alguna vez lo había tenido), se dejó arrastrar por una corriente que prometía comodidad pero no traía más que golpes contra afiladas rocas. Y se estaba ahogando porque no hacía nada para remediarlo, puede que no supiera qué hacer o puede que se creyera en realidad que aquello era una vida cómoda, tranquila. Se dejó engallar por la suave brisa de de vez en cuando sin pensar en las continuas tormentas... pero las calmas eran cada vez más cortas y pasajeras y las tormentas cada vez más duras y puñeteras. 





28.4.14

Siempre me ha parecido curiosa la forma en la que los sentimientos o los pensamientos pueden cambiar la perspectiva de las cosas, o como las cosas pueden cambiar los sentimientos y los pensamientos. Como para mí la lluvia es triste y me hace ponerme melancólica pero hay gente que la disfruta con tanta emoción que hace que una se replantee las cosas. O como cuando me dan esas rachas de querer a alguien que me quiera con todo su alma y me sienta mal ver parejas por la calle, pero luego tengo esas rachas de estar feliz así y alegrarme de que la gente sea feliz y de ser feliz yo. Que los días de estudio todo parece más negro, y los días de fiesta me sale alegría por los poros de la piel. Porque están esos días que hasta un trozo de papel tirado en el suelo parece bonito, y te dan ganas de sacarle una foto, o de escribir sobre ello o de no olvidarlo nunca, ya ves... un trozo de papel en el suelo. A mí, por lo menos, me pasa. Pero están esos otros días que ni si quiera un bebé con un gatito en brazos te saca una sonrisa (es lo más adorable que se me ha ocurrido). Puede que hoy veas el vaso medio lleno y mañana lo veas medio vacío, y lo más curioso es que hay veces que ni si quiera sabes el motivo. Yo lo único que tengo claro es que me encantan los días en los que sonrío y respiro hondo, por que sí. Y encuentro fascinante un trozo de papel tirado en el suelo, y me río hasta con los documentales de animales de la dos, y todo me parecen gatitos y bebés, y me siento tan absurdamente alegre que me da igual la razón de ese sentimiento, me da igual que hay días de mierda y que el mundo sea una completa y enorme basura. La clave es aprovechar los momentos de éxtasis. Que esto solo son palabras, puede que algo incoherentes para algunos (puede que hasta para mí mañana) porque no estoy usando demasiado la lógica pero joder, que tengo una sonrisa en la cara y solo quiero vivir.

(Os prometo que no me he drogado).

11.4.14

A ver, que no sé.

Llevo un rato mirando la entrada en blanco del blog, con la barrita vertical parpadeando con ganas de que mueva mis dedos obligandole a escupir letras. Pero a veces (por lo menos para mí) es complicado empezar a escribir porque hay que transformas pensamientos o ideas en palabras que tengan sentido, y no solo sentido para mí (que soy la que escribo) si no que tengan sentido para quien vaya a leerlo. Aunque no me gusta pensar demasiado en quién vaya a leerme (sin ánimo de ofender) pero es que me he obligado a lo largo de mi vida a no pensar demasiado en lo que vayan a pensar los demás respecto a mis acciones... no es bueno hacerlo, creo. Bueno, me estoy enrollando. Hay algo en lo que he estado pensando, voy a escribir algo... improvisar un poco y un poco no.
A veces se quedaba callada mirando a la nada, y había que llamarle la atención, se perdía en su mundo... distraída y después se disculpaba. Recuerdo haber oído a gente regañarle por hacer eso, personas ignorantes que le decían 'te estoy hablando, ¿sabes?'. Recuerdo que yo sonreía, y pensaba que en realidad estaba preciosa cuando hacía eso, estaba preciosa porque dejaba que su mente se fuera lejos (quiero pensar que a un lugar mejor) y me gustaba su mirada tranquila cuando estaba callada más que cuando hablaba rápido y casi sin respirar, aunque he de reconocer que también me gustaba escucharla. Yo la escuchaba más que nadie. Porque ahí está el problema, la gente se mosqueaba por que ella se distraía mientras le hablaban, pero ella lo hacía porque de verdad se sentía así... porque de verdad no le interesaba en absoluto lo que la otra persona le estaba diciendo. Pero es difícil encontrar gente así, en realidad la gente hace algo peor que distraerse mientras les hablas. La gente te mira como si le interesase lo que dices pero a casi nadie le interesa lo que dice el resto. Lo sabemos, somos todos (o casi) unos egoístas hipócritas e intentamos disimularlo y ella no lo hacía. Ella se quedaba distraída pensando en sus cosas si no le interesaba el resto, o se sacaba un libro de la mochila y se ponía a leer (recuerdo una vez que lo hizo), era tan distinta. Lo digo en serio, creo que lo noté desde el primer momento en el que la vi, era más lista que cualquiera de su edad y no lo digo solo porque yo la crié. No lo digo porque soy su padre. Lo digo porque de verdad sé que esa jovencita fue distinta al resto hasta que cumplió los treinta (más o menos). No sé lo que pasó, nunca quiso contárselo a su padre. Pero era tan distinta... 

28.3.14

Diecinueve.

El 27 de marzo escribí: Voy a escribir esto, no solo porque me apetezca hacerlo, si no porque me veo obligada a ello por la necesidad de expresarme -y vaciarme de emociones- aunque creo que va a ser difícil hacerlo con claridad, incluso tengo la leve sospecha de que me llevará más de un día escribirlo (por eso estoy empezando dos días antes). 
Y, ahora sí: 29 de marzo.
Bueno, para muchos de vosotros hoy será un día de lo más normal y rutinario, para otros puede que sea algo especial el día de hoy (también) por alguna razón fortuita o algún evento importante, para mí lo es porque es mi cumpleaños. Y, aunque mi mente y mi cuerpo no parezcan notarlo demasiado, cumplo diecinueve años. Soy consciente de que cumplí la mayoría de edad el año pasado y que tendrían que haberme afectado más -ya sea de forma positiva o negativa- los dieciocho, pero no fue así. Creo que estoy empezando, ahora, a asumir el hecho de que mis años de infancia y adolescencia han quedado atrás y no hay forma de recuperarlos -porque el tiempo no se recupera, por mucho que nos duela admitirlo-. Que sí, siempre nos quedarán los recuerdos pero siendo realista creo que los recuerdos se acaban quedando en el olvido, o al menos gran parte de ellos. Estoy segura de que he olvidado muchos momentos de esos que juré que serían inolvidables, igual que han dejado de gustarme canciones que estaba segura que nunca me dejarían de gustar, igual que no hablo con personas que iban a ser mis amigos para siempre... pero no quiero ir por ahí, esto no va sobre los buenos -o malos- momentos pasados, porque de esos ya he hablado suficiente, y porque esos ya los he vivido.
Intentando quitarme de la cabeza lo de: 'joder, que ya tengo diecinueve años' he llegado a la conclusión de que lo correcto sería pensar: 'joder, que solo tengo diecinueve años'. Me queda mucho, mucho, mucho por vivir. Pero quiero decir vivir, vivir de verdad (espero). Que no es lo mismo que sobrevivir, esto de agotar las horas de una forma rutinaria y aburrida, sin ningún tipo de motivación, meta o interés fijo... como suelo hacer casi siempre de lunes a viernes. No quiero llegar a los cincuenta y tantos y darme cuenta de que no me he cumplido ningún sueño, que no he vivido de verdad o que he acabado formando parte, incondicionalmente, de esta sociedad de robots programados que viven con pautas escritas por otros -esos que deciden como debería pensar el resto de nosotros-, y es que no creo que yo haya nacido para eso. O a lo mejor nadie nace para eso en realidad pero acaban dejando que les consuma -no sé exactamente el qué-. Puede que haya leído demasiados libros, o que haya visto demasiadas películas pero no estoy pidiendo un final feliz, no quiero comer perdices o terminar ganando, lo que quiero es vivir (lo repito para que quede bien claro). Para explicarme bien y estar segura de que me expreso correctamente he buscado la palabra 'vivir' en el diccionario de la rae, la primera -y la mejor- definición era simple y cristalina: 1. intr. Tener vida. Y, exactamente, es eso lo que quiero. Porque también he buscado la palabra sobrevivir (y me he quedado con la segunda definición): 2. intr. Vivir con escasos medios o en condiciones adversas. Supongo que entendéis lo que estoy intentando decir. Llevo un par de años ya agobiándome al pensar en mi futuro, por el hecho de que no tengo nada claro. Hay personas que a mi edad tienen todo decidido -no sé si esto es positivo o negativo-, saben qué quieren, cómo lo quieren y qué tienen que hacer para conseguirlo. Posiblemente así sea más fácil, digo yo, aunque también depende de lo que quieran y cuales sean sus circunstancias pero yo no sé lo que quiero, ni como lo quiero, y obviamente tampoco sé qué tengo que hacer para conseguirlo. La única meta que he sido capaz de ponerme es esa (la de vivir de verdad) y bueno considero que es una buena meta, estoy empezando a pensar que podría considerarse como 'lo que quiero' pero -y aquí está el gran dilema- ¿qué tengo que hacer para conseguirlo? y si me concentro, si le doy vueltas y vueltas a esa pregunta en mi cabeza encuentro la respuesta: tengo que hacer que cada minuto cuente. Como esos pequeños placeres de la vida, los pequeños detalles que cuentan. Escuchar canciones que me pongan los pelos de punta, escribir cosas bonitas, dar abrazos fuertes, comer lo que me apetezca, hacer ejercicio por el placer de sentirme bien, tomar descansos del mundo para leer tranquila en cualquier rincón, reír por cualquier tontería, llorar con las películas, susurrar 'te quiero' (a las personas que quiero de verdad), preocuparme solo y exclusivamente de lo que yo piense sobre mí misma, ser egoísta de vez en cuando, pero ayudar a los demás cuando de verdad lo necesiten, sacar fotos (sin importar si salgo mal o salgo bien), contar historias, ir a conciertos, salir todas las noches de verano, algunas de las de invierno, tumbarme en el sofá los días de lluvia, no usar paraguas (porque yo nunca uso paraguas), quedarme un ratito debajo del agua en la ducha reflexionando, buscar curiosidades en internet, aprender a cocinar y cocinar, cenar pizza los sábados, cumplir un nuevo punto de mi lista de 100 cosas que hacer antes de morir, memorizar olores, tomar el sol, llenar la casa de arena al llegar de la playa, nunca celebrar San Valentín (porque yo no creo en esas cosas), comprar pintauñas, admirar mi tatuaje en el espejo durante un rato (mi búho en la espalda), abrir los ojos de par en par, tocarme el pelo, o que me toquen el pelo, sexo, quedarme diez minutos más en la cama después de que suene el despertador, besar, achuchar a mi perrita, elegir el filtro de instagram adecuado cada vez que subo una nueva foto, fangirlear, andar descalza... y una infinidad de cosas más. Y, que conste, que no se me olvidan las pequeñas cosas que joden... esos pequeños detalles que hacen que el día sea una mierda, ya sabéis, pero no tiene sentido enumerar los pequeños no-placeres de la vida, porque pensar en las cosas que salen mal se nos da demasiado bien a todos y estoy intentando ser positiva (iba a decir realista pero no sería verdad) que para ser negativa hay tiempo durante el resto del año, hoy no... porque es un día especial, mi cumpleaños y eso.
Si sigo pensando me doy cuenta de que también quiero ser libre -de una forma que no mucha gente es-, quiero ir conociendo la vida a medida que crezco y decidir por mí misma mis creencias, tomar mis decisiones o descubrir mis capacidades. Y hacerlo de una forma autodidacta por no caer en eso de creer lo que tu entorno cree, decidir lo que te dicen que decidas y hacer lo que quieren que hagas porque me considero lo suficientemente inteligente como para ser capaz de valorar el mundo y saber qué pensar. Una vez más, no creo que sirva para pensar lo que alguien quiera que piense. Aunque también sé que no será fácil. Es complicado crearse creencias propias cuando la mayor parte del mundo está sacado de un mismo molde de ideas -o eso es lo que me parece-. Me prometo a mí misma no caer nunca en ninguna secta ideológica porque bajo mi punto de vista hay más de las que se quiere creer, estamos rodeados de sectas... y ni si quiera nos damos cuenta de ello (no todos). Y ya que me pongo a prometerme cosas a mí misma hay otra cosa que necesito prometerme, quiero dejar de quejarme tanto y actuar más. Prometo empezar a intentar cambiar las cosas que no me gustan, en vez de quejarme y quejarme. Seré un granito de arena, pero con muchos así se hacen castillos de arena.
¿Qué conclusión podríamos sacar de todo esto que estoy diciendo? Pues, no sé que conclusión sacaréis vosotros, la mayoría de veces la opinión que una persona tiene de otra tiene más que ver consigo mismo que con la persona de la que tiene la opinión. Pero ese no es el caso, el caso es que esto trata de lo que yo opino de mí misma... al fin y al cabo soy yo la que intenta desahogarse y aclarar ideas. Y bien, ¿qué conclusión saco de todo esto? No lo sé. Una gran frase que posiblemente haya escrito más de una vez aquí (la escribo mucho en muchos sitios porque me encanta) de la película El curioso caso de Benjamin Button es: Uno nunca sabe lo que le espera. Y yo no podría expresarlo mejor. Por que no, no lo sé. No tengo ni la más remota idea de lo que será de mi vida a partir de ahora y a lo mejor esto me da un poco de miedo, pero da igual porque estoy empezando a tener bastante claras las cosas.
Es curioso porque esta es mi entrada 260 (aunque creo que he borrado alguna antigua alguna vez) del blog, llevo más de tres años con él y he compartido muchas cosas con mis lectores y quiero dar las gracias a todas esas personas que me leen porque... porque me leen, y eso es importante para mí más de lo que, seguramente, cualquiera de vosotros imagine. Por eso, si has leído esto: gracias. Espero que vivas libre, de verdad.


Hubiese quedado bien una foto de una tarta de cumpleaños, pero.. siempre podéis imaginárosla.

16.3.14

 miedo.

(Del lat. metus). 
1. m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.
2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.



Es curioso, ¿no creéis? Que haya miedos imaginarios. Que ese recelo que tenemos a que algo suceda al contrario de lo que deseamos nos impida, a veces, conseguir lo que deseamos. Es curioso el miedo, analizando sus dos significados. ¿No os da qué pensar?

3.3.14

No dejaba de quejarse porque se había caído pero, joder, ¿y lo bonito que es levantarse? Pensé en los niños pequeños que cuando se caen miran a sus padres como diciendo: ¿tengo que llorar o no ha sido nada? Y es así. Si los adultos no prestan demasiado atención o le dicen que no ha sido nada el niño se vuelve a levantar y sigue corriendo y jugando, pero si se levantan corriendo al socorrerle el niño se pone a llorar amargamente (a veces solo durante un minuto).
Una vez leí una historia, que hablaba de que unos niños se quedaron encerrados en su habitación, en un segundo piso creo, había un incendio en la casa y uno de los niños (el más mayor, de unos 5 o 6 años) consiguió sorprendentemente abrir la ventana y salvar a su hermano (un bebé) y así mismo no recuerdo muy bien cómo lo hizo. El caso es que nadie se podía explicar como el pequeño había abierto la ventana, y la respuesta era sencilla: no había nadie que le dijese que no podría hacerlo.
De eso va todo, de pequeños son los mayores los que nos dicen que no hagamos esto, que no podremos hacer aquello, que somos demasiado jóvenes para lo otro. A medida que vamos creciendo somos nosotros mismos los que nos convencemos de que algo es (en teoría) imposible. Y solo los valientes o los locos (a veces creo que esos dos términos valen como sinónimos) son capaces de darse cuenta de que lo imposible es una fantasía humana, no digo que no haya cosas imposibles... porque las hay, pero no se puede dar algo por imposible sin haberlo intentado. Tampoco intentéis volar tirándoos por la ventana de un cuarto piso, eso no saldrá bien. Pero joder, si ves que el autobús está arrancando a diez metros de ti antes de darlo por perdido y visualizarte a ti mismo esperando al siguiente... corre, joder, porque a lo mejor todavía alcanzas ese. Y no me refiero solo a autobuses.
Ya sabes.

17.2.14



- Dime, ¿qué ves ahí?
- ¿Ahí? ¿La maceta vacía?
- Sí, la maceta. Descríbemela, cuéntame lo que ves y lo que te hace sentir.
- ¿Por qué tengo que hacer esa gilipollez?
- Bueno, porque aquí el que manda soy yo así que... cuéntame.
- Pues es una maceta... marrón y parece de plástico, pero no tiene flores o plantas. Es triste tener una maceta vacía, ¿no? si por lo menos la llenases de tierra y plantases algo, no sé... una flor de esas que alegran el ambiente, no entiendo por qué tienes una maceta vacía ahí. No tengo nada más que decir sobre la maceta, ¿sabes? No hay nada más que decir, ¿por qué sonríes? ¿podrías decir algo?
- Cuando era pequeño, en la casa de al lado vivía un niño de mi misma edad, algo diferente a los demás.
-  Venga ya, ¿Qué tiene eso que ver con la maceta?
- Bueno, déjame hablar. Verás, nunca olvidaré el día que aquel niño cumplió los 12 años. Mi madre y yo fuimos a felicitarle y él estaba en el jardín abriendo su regalo. Desenvolvió el papel y se puso eufórico. Decía: 'qué caja más perfecta, es una nave genial, uaaaau', se emocionó por la caja. Era una caja grande porque dentro iba un patinete de esos que le encantan a cualquier niño. Le dio las gracias a sus padres por el patinete y la nave espacial. Y se puso a jugar con la caja. Yo, que era un niño bastante avispado, no podía entender nada. Recuerdo que miré a mi madre y le susurré con miedo a parecer un ignorante que no entendía la importancia de aquella caja: 'mamá, pero... si solo es una caja...' ella me miró sonriente y dijo: 'hijo, en este mundo cada persona ve las cosas de una forma diferente' aquella frase me atormentó unos días, no podía entenderlo y no dejaba de pensar en ello, era extraño. Hasta que un día al volver del cole y ver a mi vecino jugando con la caja lo entendí. Él veía en esa caja una posible nave espacial, yo solo veía una caja que llevaba un increíble patinete, mi madre (que era una gran defensora del medio ambiente) vería un montón de material reciclable o algo así. ¿Lo entiendes?
- Sí, lo entiendo... pero sigo sin saber a dónde quieres llegar...
- Verás, desde aquello me fascinaba la idea de que cada cosa que yo veía podría ser diferente para alguien, y me aficioné a preguntarle a la gente lo que veía en cada cosa que había cerca. Me encantaba. Imagínate lo genial que fue para mi descubrir el test de Rorschach ¿sabes? El de los dibujos de: '¿qué ves aquí?' Pues eso hizo que me dedicara a esto, ¿a qué es una buena historia? Me gusta contarla.
- Ha sido interesante. ¿Y lo de la maceta?
- Bueno, es gracioso, porque para mí solo es una maceta de plástico que tenía una planta que olvidé regar y tuve que tirar. Mi sobrino de cinco años estuvo aquí ayer y cuando le pregunté lo que era me dijo que era un cubo para jugar con la arena en la playa. Y a ti te ha afectado bastante el hecho de que estuviera vacía y no haya plantado nada en ella.
- Joder.

6.2.14



Aunque me guste mucho hablar a veces también valgo para escuchar. Un viaje de tren es perfecto para ello así que me senté a su lado y le escuché hablarme. 
Me habló de lo mal que se sentía por haberse rendido, me habló de que cada día se sentía más obsesionado con la idea de cambiar el mundo, me habló de frases, noticias y curiosidades que había leído y oído, recuerdo que dijo que había mucha gente en el mundo pero solo conocía un tipo de personas que merecían la pena... solo un tipo de personas (no le pedí que describiera ese tipo de personas, pero me hubiese gustado hacerlo), también habló de que había decidido cortarse el pelo, y de su trabajo, me habló del tiempo... dijo que estaba cansado de entristecerse por el pasado y preocuparse por el futuro, que se centraría en el presente y en cumplir sus sueños, me habló de sus sueños, de las metas, de una chaqueta que se había comprado el día anterior, de unas zapatillas que le gustaron y de la vergüenza que sintió al darse cuenta de que no tenía dinero suficiente para pagarlas, me habló de música y del último gran libro que se había leído... estuvo un rato hablando del libro, me gustó esa parte porque me encantan las personas que reflexionan sobre los libros después de leerlos, me contó anécdotas divertidas y lecciones que había aprendido. Yo le escuchaba y sonreía, a veces le asentía para que supiera que estaba siguiendo el hilo de su conversación. Después de unos veinte minutos me dio las gracias por haberle escuchado y haber sido tan amable. El tren paró y él se bajó del tren. Yo bajé dos paradas después, llegué a casa y escribí sobre un perfecto desconocido al que había escuchado durante casi media hora en el tren que me traía a casa después de una mañana entera trabajando. Es curioso porque ni si quiera sabía su nombre pero fue, durante un rato, un gran amigo.

27.1.14




Que no está mal esperar a que aparezca alguien que piense cosas maravillosas sobre ti, que es bonito lo de querer que alguien te quiera, te aprecie, y sepa ver lo que eres de verdad. Y llevo toda mi vida esperando a que aparezca esa persona, ahora quiero ser esa persona. Quiero pensar cosas maravillosa de mí, quererme, apreciarme y verme tal como soy y demostrarles a los demás lo que soy, lo que quiero y lo que valgo. Eso es más bonito todavía, porque mi amor por mí misma si que será para siempre. Espero.
Lo conseguiré.

13.1.14



Odiaba aquel hospital, odiaba a la gente que le iba a visitar, y los que no. Odiaba a las enfermeras y enfermeros, a los médicos y a todo el maldito personal, odiaba a sus compañeros de habitación que iban y venían, odiaba el olor a enferme y medicinas, odiaba el tacto de las sábanas, las vistas desde la ventana, el sonido del ascensor que había junto a su habitación, odiaba su pijama, sus zapatillas, la comida, la bebida. Odiaba cada canal y cada programa que veía en la televisión. Odiaba todo aquello casi tanto como se odiaba a sí misma.



A veces la inspiración llega cuando menos te lo esperas, o de quién menos te lo esperas. Tanto odio es triste, hay que encontrar cosas que amar.

1.1.14





Para mí no sirve eso de 'año nuevo, vida nueva', en realidad nunca es así. Y tampoco creo en los propósitos que nos hacemos -ni si quiera llegamos a cumplir la mayoría de ellos-. Pero lo más triste es lo de necesitar que se acabe un año y empiece otro para esas cosas. Podéis decidir cambiar de vida, o dejar de fumar, o encontrar un trabajo mejor o sea lo que sea lo que queráis cualquier día del año, no hay que olvidarse de eso. Habría que ponerse nostálgico y pensar en el 2013, en todos los momentos vividos porque en realidad es un año más de nuestras vidas -o un año menos, según se mire- en el que han pasado muchísimas cosas, pero no tiene sentido ponerse ahora a hablar de los buenos y malos momentos del año porque eso ya son recuerdos, los recuerdos estarán ahí para cuando los necesite o para cuando les apetezca venirse, ya sabéis los recuerdos tienen la mala costumbre de no pedir permiso y aparecer sin más. Solo diré que fue un buen año, casi de los mejores de mi vida me atrevería a decir. Prefiero pensar en el futuro, en el nuevo año... y en todos los que vendrán. Prefiero pensar en eso porque de momento son todo sueños por los que hay que luchar y no hay nada escrito y puede ocurrir cualquier cosa... cualquier cosa. Es maravilloso. Solo espero que la vida me sorprenda y espero llegar a ser feliz, y espero que todos encontréis eso que os haga feliz. Recordad que para eso tenéis que salir a buscarlo. 
Son casi cuatro años con este blog, y ni si quiera puedo recordar o imaginar la de cosas que habré escrito. Algunas reales y otras ficticias pero agradezco a toda la gente que alguna vez me ha leído, de verdad. 

Soñad, y atreveos a hacer esos sueños realidad. Lo demás no importa, en absoluto.