15.2.12

un miércoles cualquiera

Sonó el despertador, lo apagué y encendí la luz, y miré al techo. Mierda. Siempre he odiado madrugar, y más en invierno. Hacia frío, y el maldito despertador había roto mi sueño, pero daba igual, ya volvería a soñar. Me levanté y me vestí, odiando mi rutina y maldiciendo mi día a día. Era una miércoles cualquiera, o por lo menos lo parecía. Pero hay cosas que no se pueden predecir, de hecho no creo que podamos saber lo que va a pasar nunca. La vida sorprende. Y lo hizo, sorprendió, el día fue normal... como todos los demás pero al salir de clase, cuando me dirigía a casa a comer, arrastrando los pies y con un día agotador guardado en el mochila en un segundo mi vida cambió, así sin más. Porque era inevitable, porque tenía que ocurrir. Y es que al ir distraída me choqué con alguien, él, el chico más maravilloso de este mundo, con la sonrisa más perfecta del mundo, con esos labios que dan ganas de besar, con esa mirada expresiva... todo él, era genial. Y así, sin más poco a poco se fue convirtiendo en la persona que más he querido en este mundo. No lo fue, no fue un miércoles cualquiera...

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